15 Frases célebres de Demóstenes

Demóstenes fue uno de los oradores más relevantes de la historia y un importante político ateniense. Nació en Atenas, en el año 384 a. C. y falleció en Calauria, en el año 322 a. C.

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Sus dotes de oratoria constituyen la última expresión significativa de las proezas intelectuales atenienses, y permiten el acceso a los detalles de la política y la cultura de la Antigua Grecia durante el siglo IV a. C.

Demóstenes aprendió retórica mediante el estudio de los discursos de oradores anteriores. Pronunció sus primeros discursos judiciales a los veinte años de edad, cuando reclamó a sus tutores que le entregaran la totalidad de su herencia. Durante un tiempo, Demóstenes se ganó la vida como escritor profesional de discursos judiciales y como abogado, redactando textos para su uso en pleitos entre particulares.

Estas son algunas de las frases célebres de Demóstenes:

No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que desea cada hombre es lo primero que cree.

Las palabras que no van seguidas de los hechos no valen para nada. Clic para tuitear

Cuando una batalla esta perdida, solo los que han huido pueden combatir en otra.

Estamos dispuestos a creer aquello que anhelamos.

Estás al descubierto en tu vida y en tu conducta, en tus actuaciones públicas y en tus abstinencias.

Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas. Clic para tuitear

Necesitamos dinero, seguro, atenienses, y sin dinero nada de lo que debería ser hecho podrá hacerse.

Cuando los soldados huyen, nunca se culpan a sí mismos: culpan a su general o a sus compañeros.

Si quieres ser feliz enteramente solo, jamás lo conseguirás. Clic para tuitear

Si se ven obligados a actuar en el espíritu de esa dignidad, en el momento en el que vengan a la corte a juzgar las causas públicas, deben recordar que con el báculo y el cargo cada uno de ustedes recibe la confianza del ancestral orgullo de Atenas.

El hombre que piensa que debe su nacimiento sólo a sus padres esperará hasta que llegue su natural y destinado final; el que es hijo de su nación está dispuesto a morir antes que verla esclavizada, y vigilará esos agravios e indignidades, que en la sujeción al bien común se ve impulsado a soportar, como más aterradores que la propia muerte.

Un rico sin liberalidad es como un árbol sin frutos Clic para tuitear

Haz que tus familiares te reverencien más que te teman, pues el amor sigue a la reverencia, mas el odio al temor.

Los grandes sucesos dependen de incidentes pequeños.

¿Por qué creemos lo que creemos?

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