Frases célebres de Lope de Vega

Lope de Vega fue uno de los poetas y dramaturgos más importantes del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los autores más prolíficos de la literatura universal.

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Foto de Lope De Vega

Lope de Vega Carpio​ fue uno de los poetas y dramaturgos más importantes del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los autores más prolíficos de la literatura universal.

  • Nacimiento: 25 de noviembre de 1562, Madrid, España
  • Fallecimiento: 27 de agosto de 1635 (72 años), Madrid, España

Estas son algunas de las frases célebres de Lope de Vega:

¡Dios me libre de enemistades de amigos!

¡Oh, libertad gran tesoro! porque no hay buena prisión, aunque fuese en grillos de oro.

¡Oh, libertad preciosa, no comparada al oro, ni al bien mayor de la espaciosa tierra, más rica y más gozosa que el precioso tesoro que el mar del sur entre su nácar cierra.

¡Qué tanto puede una mujer que llora!

¿Qué tenéis, dulce Jesús?, le dice la Niña bella; ¿tan presto sentís mis ojos el dolor de mi pobreza? Yo no tengo otros palacios en que recibiros pueda, sino mis brazos y pechos, que os regalan y sustentan

A los que no la pueden gozar, pésales que haya hermosura.

A mis soledades voy / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos ( romance de El solitario).

A mis soledades voy.

A nadie se le dio veneno en risa.

Celos son hijos del amor, mas son bastardos, te confieso.

Con viento mi esperanza navegaba; perdonóla la mar, matóla el puerto.

Cuando la mujer aborrece lo que en algún tiempo le agradó, es mucho peor que si siempre lo hubiese aborrecido.

De acuerdo, entonces, lo diré: Dante me hace enfermar

De mis soledades vengo.

Después del perdón son infames los delitos

Dios nos libre de enemistarnos con amigos.

Donde hay amor no hay señor, que todo lo iguala el amor.

El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida

El ingrato el bien escribe en el agua, el mal en piedra.

El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean.

El querer no es elección porque ha de ser accidente.

El vino, mientras más se envejece, más calor tiene: al contrario de nuestra naturaleza, que mientras más vive, más se va enfriando.

En su casa, hasta los pobres son reyes.

Es cualquier libro discreto (que si cansa, de hablar deja) un amigo que aconseja y que reprende en secreto.

Es perdonar al vencido el triunfo de la victoria.

Forzoso es hablarle al vulgo en necio para darle gusto.

Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra a los hombres, Dios ha nacido en Belén en esta dichosa noche. Nació de una pura Virgen; buscadle, pues sabéis donde, que en sus brazos le hallaréis envuelto en mantillas pobres.

Hablé, lloré y entré por aquel lado, porque no tiene Dios puerta cerrada al corazón contrito y humillado.

La amistad es el alma de las almas.

La liberalidad es la primera hija del amor y la piedra imán más atractiva para los hierros de la voluntad.

La muerte es cobarde para los que no la huyen y animosa para los que la temen.

La mujer tiene el color y el perfume de las rosas, la limpidez y pureza del cristal y sobre todo, su fragilidad.

La Niña a quien dijo el Ángel que estaba de gracia llena, cuando de ser de Dios madre le trajo tan altas nuevas.

La poesía es pintura de los oídos, como la pintura poesía de los ojos.

La raíz de todas las pasiones es el amor; de él nace la trizteza, el gozo, la alegría y la desesperación.

La verdad de ninguna cosa tiene vergüenza sino de estar escondida.

La virtud tiene en sí todas las cosas; y todas le faltan a quien no la tiene.

La virtud, como el arte, hallarse suele cerca de lo difícil.

Las pajas del pesebre niño de Belén hoy son flores y rosas, mañana serán hiel. Lloráis entre pajas, del frío que tenéis, hermoso niño mío, y del calor también. Dormid, Cordero santo; mi vida, no lloréis; que si os escucha el lobo, vendrá por vos, mi bien.

Lo que cuenta no es mañana, sino hoy. Hoy estamos aquí, mañana tal vez, nos hayamos marchado..

Los celos son hijos del amor, mas son bastardos, te confieso.

Madrid; que no hay ninguna villa, en cuanto el sol dora y el mar baña más agradable, hermosa y oportuna, cuya grandeza adorna y acompaña la Corte de los Césares de España.

Me bastan mis pensamientos.

Nadie puede apartarse de la verdad sin dañarse a sí mismo.

Ni el rey comería… si el labrador no labrase.

Ni me dejo forzar ni me defiendo, darme quiero a entender sin decir nada. Entiendame quien pueda; yo me entiendo.

No falta razón, que esta fiesta bruta sólo ha quedado en España, y no hay nación que una cosa tan bárbara e inhumana si no es España consienta.

No hay cosa más fácil que dar consejo ni más difícil que saberlo tomar.

No hay en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.

No hay mejor lana que no tener mañana, ni mejor bronce que tener años once.

No hay placer que no tenga por límite el dolor, que con ser el día la cosa más hermosa y agradable, tiene por fin la noche.

No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia.

No sé la razón de la sin razón que a mi corazón aqueja.

No sé yo que haya en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.

No tiene un padre enemigos como los hijos traviesos.

Nunca el honor se perdió mientras duró el secreto.

Pero con una cosa me contento; que aunque pueda quitarme la esperanza, no me puede quitar el pensamiento.

Pero la vida es corta: viviendo, todo falta; muriendo, todo sobra
Piezas somos de ajedrez y el loco mundo es la tabla, pero en la talega juntos peones y reyes andan.

Porque dicen, amor, que no caminas si los celos no te calzan las espuelas.

Que amor se hace gigante con los celos.

Que de una mujer que es buena mil cosas buenas se aprenden.

Que el grande y el pequeño somos iguales lo que dura el sueño.

Que en amigotes de los que hay agora Ni deuda ni mujer está segura.

Que es amor dulce materia para no sentir las horas que por los amantes vuelan.

Que más mata esperar el bien que tarda que padecer el mal que ya se tiene.

Que más vale pobreza en paz, que en guerra mísera riqueza.

Que no hay tan diestra mentira, que no se venga a saber.

Que no hay, para olvidar amor, remedio como otro nuevo amor, o tierra en medio.

Que pobreza no es vileza mientras no hace cosas malas.

Que si ha de dar un desengaño muerte, mejor es un engaño que da vida.

Quien desea morir, la vida teme

Quien gobierna, mal descansa.

Quién lástima escucha, cerca está de perdonar.

Quien mira lo pasado, lo porvenir advierte.

Quien no ama la vida, no la merece. ¿Qué viene a ser esta vida, sino un breve camino para la muerte?

Señales son del juicio ver que todos le perdemos, unos por carta de más otros por carta de menos.

Si humor gastar pudiera, con más salud sospecho que viviera.

Son celos cierto temor tan delgado y tan sutil, que si no fuera tan vil, pudiera llamarse amor.

Soy rey de mi voluntad, no me la ocupan negocios, y ser muy rico de ocios es suma felicidad.

Viviendo todo falta, muriendo todo sobra.

Yo he visto mujeres feas que tratadas son hermosas.

Yo vengo de ver, Antón, un niño en pobrezas tales, que le di para pañales las telas del corazón

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